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lunes, 27 de octubre de 2014

Huesos con plenitud de vida


Ezequiel 37:3  Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.
Esta visión ilustra la promesa del capítulo 36, una nueva vida y una nación restaurada, tanto física como espiritualmente. Los huesos secos ejemplifican el cautiverio judío: esparcidos y muertos. Los dos palos representan la unión de la nación dividida de Israel, después de Salomón, en los reinos del norte y del sur. Los cautivos esparcidos de Israel y de Judá serían liberados de sus "sepulcros" de cautiverio y algún día se reunirían en su tierra natal, con el Mesías como líder. Esta visión aún no se ha cumplido. Ezequiel sintió que quizás hablaba a los muertos cuando predicaba a los cautivos porque casi no respondieron a su mensaje. ¡Pero estos huesos respondieron! Y de la misma forma en la que Dios vivificó los huesos secos, volverá a dar vida a su pueblo espiritualmente muerto.

Los huesos secos representaban la condición de muerte espiritual del pueblo. A lo mejor su iglesia le parezca un montón de huesos secos, espiritualmente muertos sin una esperanza de vitalidad. Pero de la misma manera que Dios prometió restaurar a su nación, puede restaurar cualquier iglesia, por seca o muerta que esté. En vez de rendirse, ore pidiendo una renovación, ya que Dios puede restaurarla a la vida. La esperanza y la oración de toda iglesia debe ser que Dios deposite su Espíritu en ella. En efecto, Dios está obrando al llamar a su pueblo para que vuelva a Él, dando vida nueva a las iglesias muertas.

El primer palo era para Judá, la tribu líder en el reino del sur. El otro era para José, por ser el padre de Efraín, la tribu líder del reino del norte.

La promesa de Dios aquí va más allá de la restauración física y geográfica de Israel. Promete dar una nueva vida espiritual a su pueblo para que sus corazones y actitudes sean las correctas hacia Él y unidas entre sí. Este mismo proceso se describe a través de la Palabra de Dios como la purificación de nuestros corazones mediante el Espíritu de Dios.
La visión del valle de los huesos secos ha sido objeto de varias interpretaciones. Algunos lo ven como una predicción sobre el retorno de los exiliados; como una doctrina del AT sobre la resurrección del cuerpo; o como una analogía sobre la regeneración espiritual y el nacimiento de la Iglesia.

Contextualmente, puede considerársele un mensaje de esperanza para un pueblo desposeído cuya capital fue asolada y su gente enviada al exilio. Cualquiera que sea el significado preciso de son la casa de Israel, o de pueblo mío. . . os traeré a la tierra de Israel, está claro que Dios tiene un futuro que ofrecerle, más allá del cautiverio en Babilonia, a aquellos que creen en él. Y cuidará de que sigan adelante, no importa cuán grande sea el milagro que se necesite, para que ello se convierta en realidad. La realización del milagro tendrá lugar en dos etapas (véanse las notas a vv. 8 y 9, 10).

Donde antes se había pronunciado juicio se proclama ahora la esperanza. Huesos: Contextualmente, esto representa a los exiliados, quienes, de acuerdo con v. 11, habían abandonado toda esperanza de revivir el reino de Israel, tras 10 años de estancia en Babilonia.
El número total de exiliados, virtualmente todo lo que había quedado de la nación. Secos: Alusión al estado de la esperanza entre el pueblo de Israel y el milagro que se requería para reanimar la nación.

El término hebreo ruah puede ser traducido como “aliento”, “viento” o “espíritu”.

Una cuádruple lista en la que aparecen tendones, carne, piel y espíritu.

De forma similar a la creación de los seres humanos que se ofrece en Génesis 2:7, la vida no surgió sino hasta que Dios “sopló en su nariz aliento de vida”. La primera fase de esta visión parece que corresponde al ministerio de Ezequiel, cuando éste convocaba a los judíos muertos a escuchar el mensaje de Dios.

Los cuatro vientos: Representan las cuatro partes de la tierra o la omnipresencia de Dios. Esta segunda fase de la visión, se corresponde con el milagro que Ezequiel pedía al Señor.

Sepulcros: Describe figurativamente la condición de la gente. La fantasía ha dejado a un lado los huesos dispersos por el campo de batalla y ahora habla de un cementerio.

Espíritu (en hebreo ruah  se refiere aquí al Espíritu de Dios, pero la misma palabra se traduce como “aliento” y “viento” en otros versículos. Sólo el extracto del Espíritu de Dios puede provocar el milagro descrito en el pasaje. Os haré reposar sobre vuestra tierra: Alude a la restauración nacional de los exiliados.
Después de la caída de Jerusalén el pueblo habría estado disperso y desalentado. El oráculo tenía un mensaje sencillo: que la nación muerta de Israel sería reavivada un día, y regresaría a su propia tierra. Los huesos secos se transformaron en soldados vivientes. Una transformación igualmente poderosa sería aplicada a Israel un día.

El vigor de esta visión ha traído esperanza a muchos en el curso de los siglos. El poder de Dios puede cambiar aun las vidas y situaciones más desesperanzadas.
¿Podrán revivir estos huesos? Esta página anuncia la restauración de Israel, muerto en todos los sentidos de la palabra. Los huesos estaban completamente secos. Los huesos secos y dispersos representan a Israel desterrado y dispersado. Durante largos años, habían creído que Dios manifestaría su gloria al mundo dándoles prosperidad y liberaciones milagrosas. Pero ésos no eran más que sueños humanos.
El plan de Dios contemplaba la educación de su pueblo mediante siglos de luchas, de errores y de sufrimientos. Los mismos pueblos, como las personas, no pueden alcanzar su madurez verdadera sin pasar por la muerte de su orgullo y de sus pretensiones. Es entonces cuando Dios manda la palabra que hace levantar a los muertos.    Colocaré  en ustedes un espíritu y vivirán. Primero Dios mandó a sus profetas. La palabra de ellos, que poco se escuchó mientras vivían, cayó en tierra como semilla.
Y, después de algunos años, surgirán minorías que volverán a levantar la nación con Esdras y Nehemías.   Cuando hablamos nosotros de resurrección, siempre pensamos en la resurrección de las personas. De ella habla Juan 5,25-28, y muestra cómo Cristo llama a los muertos para que se levanten del pecado o de la muerte. Pero la historia nos muestra también que Dios ha resucitado a su pueblo, no una sino varias veces, e incluso lo comprobamos en la historia actual de nuestra Iglesia.