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lunes, 31 de agosto de 2015

Conociendo el camino que nos lleva al gozo perpetuo



Juan 14:5  Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

Aquí en los primeros versículos hay tres palabras sobre las cuales puede ponerse todo el énfasis: La palabra turbe. No os deprimáis ni os angustiéis. La palabra corazón. Que su corazón esté guardado con toda confianza en Dios. La palabra vuestro. Por más que el prójimo esté abrumado por las penas de esta época actual, vosotros no estéis así. Los discípulos de Cristo deben mantener su mente en paz, más que el prójimo, cuando todo lo demás está turbado. He aquí el remedio contra este trastorno de la mente, “Creed”.

Creyendo en Cristo como Mediador entre Dios y el hombre, recibimos consuelo. Se habla de la dicha del cielo como estar en la casa del padre. Hay muchas mansiones, porque hay muchos hijos para ser llevados a la gloria. Las mansiones son viviendas que duran. Cristo será el Consumador de aquello, de lo cual es el Autor o Iniciador; si tiene preparado el lugar para nosotros, nos preparará para eso.

Cristo es el Camino al Padre que los pecadores tienen en su persona como Dios manifestado en carne, en su sacrificio expiatorio, y como nuestro Abogado. Él es la Verdad, que cumple todas las profecías del Salvador; creyendo eso los pecadores van por Él, el Camino. Él es la Vida, por su Espíritu vivificador reciben vida los muertos en pecado. Nadie que no sea vivificado por Él, la Vida, y enseñado por Él, la Verdad, puede acercarse a Dios como Padre por Él, el Camino.

Por Cristo, el Camino, nuestras oraciones van a Dios y sus bendiciones vienen a nosotros; este es el Camino que lleva al reposo, el buen Camino antiguo. Él es la Resurrección y la Vida. Todo el que ve a Cristo por fe, ve al Padre en Él. A la luz de la doctrina de Cristo vieron a Dios como Padre de las luces y, en los milagros de Cristo vieron a Dios como el Dios del poder. La santidad de Dios brilló en la pureza inmaculada de la vida de Cristo. Tenemos que creer la revelación de Dios al hombre en Cristo; porque las obras del Redentor muestran su gloria, y a Dios en Él.


Las palabras de Jesús muestran que el camino a la vida eterna, a pesar de ser invisible, es seguro. Es tan seguro como lo es su confianza en Jesús. Él ya ha preparado el camino a la vida eterna. El único asunto que tal vez quede sin resolver es su voluntad de creer.

Hay unos pocos versículos en las Escrituras que describen la vida eterna, pero estos pocos están llenos de promesas. Aquí Jesús dice: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros", y "vendré otra vez". Podemos aguardar con expectativa la vida eterna porque Jesús la ha prometido a todo aquel que cree en El. Aunque los detalles de la eternidad se desconozcan, no es necesario que temamos porque Jesús está haciendo los preparativos y pasará la eternidad con nosotros.

Este es uno de los pasajes más básicos e importantes de las Escrituras. ¿Cómo conoceremos el camino hacia Dios? Únicamente a través de Jesús. Él es el camino porque es a la vez Dios y Hombre. Al unir nuestras vidas a la de Él, nos unimos con Dios. Confíe que Jesús lo llevará al Padre y que todos los beneficios de ser hijo de Dios serán suyos.

Por ser el camino, Jesús es nuestra senda al Padre. Por ser la verdad, es la realidad de todas las promesas de Dios. Por ser la vida, une su vida divina a la nuestra, tanto ahora como eternamente.

Jesús es la imagen visible, tangible, del Dios invisible. Es la revelación completa de lo que es Dios. Jesús explicó a Felipe, el que deseaba ver al Padre, que conocerlo a Él equivalía a conocer a Dios. La búsqueda de Dios, de la verdad y de la realidad, conduce a Cristo.

Jesús no dice que sus discípulos harían milagros más asombrosos. ¿Qué milagro puede ser más asombroso que la resurrección? Más bien significaba que los discípulos, obrando mediante el poder del Espíritu Santo, llevarían el evangelio del Reino de Dios desde Palestina hasta todo el mundo.

Cuando Jesús dice que podemos pedir lo que sea, debemos recordar que nuestra petición debe ser en su nombre; es decir, de acuerdo con el carácter y la voluntad de Dios. Dios no concederá peticiones contrarias a su naturaleza o a su voluntad, y no podemos usar su nombre como fórmula mágica para satisfacer nuestros deseos egoístas. Si seguimos a Dios con sinceridad y procuramos hacer su voluntad, nuestras peticiones estarán en línea con lo que El desea y las concederá.

Jesús pronto iba a dejar a sus discípulos, pero seguiría con ellos. ¿Cómo podía ser esto? El Consolador, el Espíritu mismo de Dios, vendría después que Jesús se marchase para cuidar y guiar a los discípulos. El poder regenerador del Espíritu vino sobre los discípulos antes de la ascensión de Jesús y se derramó sobre los creyentes en Pentecostés (Hechos 2), poco después que Jesús ascendiese al cielo. El Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en nosotros y en todos los creyentes, que nos ayuda a vivir como Dios quiere y a edificar la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Por fe podemos apropiarnos del poder del Espíritu cada día.

La palabra que se traduce Consolador combina las ideas de consuelo y consejo. El Espíritu Santo es una persona poderosa que está de nuestra parte, obrando por nosotros y con nosotros.

Cuando Jesús dijo: "vendré a vosotros", lo decía de verdad. Aunque Jesús ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo a vivir en los creyentes, y tener al Espíritu Santo equivale a tener a Jesús mismo.

A veces la gente quisiera conocer el futuro a fin de prepararse para lo que ha de ser. Dios no ha querido darnos este conocimiento. Solo Él sabe lo que sucederá, pero nos dice todo lo que tenemos que saber para prepararnos para el futuro. Cuando vivimos según sus normas, Él no nos abandonará; vendrá a nosotros, estará en nosotros y se nos manifestará. Dios sabe lo que sucederá y, como El estará con nosotros en todo momento, no debemos temer. No es necesario que conozcamos el futuro para tener fe en Dios: debemos tener fe en El para estar seguros acerca del futuro.

Jesús dijo que sus seguidores demuestran amor por El al obedecerlo. El amor no es solo bellas palabras; es compromiso y conducta. Si ama a Cristo, demuéstreselo obedeciendo lo que dice en su Palabra.

Como los discípulos seguían esperando que Jesús estableciese un reino terrenal y derrocase a Roma, les resultaba difícil entender por qué no le decía al mundo en general que Él era el Mesías. Sin embargo, no todos podían entender el mensaje de Jesús. Desde Pentecostés, el evangelio del Reino se ha proclamado en el mundo entero y aun así no todos son receptivos al mismo. Jesús guarda las revelaciones más profundas de su persona para quienes lo aman y le obedecen.



Jesús prometió a los discípulos que el Espíritu Santo los ayudaría a recordar lo que Él les enseñó. Esta promesa asegura la validez del Nuevo Testamento. Los discípulos fueron testigos de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo los ayudó a recordar sin omitir sus perspectivas individuales. Podemos confiar en que los Evangelios narran muy bien lo que Jesús enseñó e hizo. El Espíritu Santo puede ayudarnos de la misma manera. Al estudiar la Biblia, podemos confiar que El plantará la verdad en nuestra mente, nos convencerá de la voluntad de Dios y nos la recordará cuando nos apartemos de ella.