Páginas

viernes, 27 de febrero de 2015

La nociva perfidia del corazón


Proverbios 10:2  Los tesoros de maldad no serán de provecho; Mas la justicia libra de muerte.

Algunas personas acarrean infelicidad al elegir tesoros malhabidos. Por ejemplo, el vehemente deseo de satisfacción puede hacer algo que destruye sus oportunidades de alcanzar alguna vez la felicidad. Los principios que Dios establece para una vida recta llevan consigo una felicidad duradera, debido a que nos guían hacia una buena conducta que perdura a pesar de nuestros sentimientos siempre cambiantes.

Proverbios está lleno de versículos que contrastan los justos con los impíos. Estas frases no tienen el propósito de aplicarse en forma universal a cada persona y a cada situación. Algunas personas, por ejemplo, sufren hambre. Más bien su propósito es el de comunicar la verdad general de que la vida de la persona que busca a Dios, a la larga, es mejor que la del impío (que termina en la ruina). Estas declaraciones no son promesas rigurosas, sino verdades generales. Además, un proverbio como este da por sentado un gobierno justo que se preocupa del pobre y el necesitado.

Cada día tiene veinticuatro horas llenas de oportunidades para crecer, servir y ser productivos. Es muy fácil desperdiciar el tiempo, permitiendo así que la vida se nos escape de las manos. En vez de eso, niéguese a ser un perezoso, utilizando las horas dedicadas a un trabajo productivo en dormir o perder el tiempo. Vea el tiempo como un regalo de Dios y aproveche las oportunidades para vivir con diligencia para El.

Al odiar a otra persona puede volverse mentiroso o insensato. Si trata de ocultar su odio, terminará mintiendo. Si calumnia a la otra persona y luego se comprueba que estaba equivocado, es un insensato. La única salida es admitir sus sentimientos de odio ante Dios. Pídale que cambie su corazón para que lo ayude a amar en vez de odiar.

Las palabras de una buena persona son valiosas ("plata escogida"). Muchos consejos malos valen menos que pocos consejos buenos. Es fácil obtener opiniones de gente que nos dirá solo lo que piensa que nos agradará, pero tal consejo es inservible. En vez de ello, busquemos a los que hablan con la verdad, aun cuando duela. Piense en las personas a las que les pide consejos. ¿Qué espera escuchar de ellas?

Dios dota a algunas personas con la capacidad personal y financiera para responder a las necesidades de los demás. Si estas personas se percataran de por qué Dios las bendice y si todas utilizaran sus medios para hacer la voluntad de Dios, el hambre y la pobreza se erradicarían. La riqueza es una bendición únicamente si la utilizamos conforme al propósito de Dios.

El impío teme a la muerte. Los que no creen en Dios por lo general la temen y con mucha razón. En contraste, los creyentes desean la vida eterna y la salvación de Dios, sus esperanzas serán recompensadas. Este versículo brinda una opción: se vuelven realidad o sus temores o sus deseos. Decide rechazar a Dios y vivir a su manera o acepta a Dios.

En Proverbios 10:1 El hijo sabio alegra al padre, Pero el hijo necio es tristeza de su madre.

El hijo sabio. Es decir, el que presta atención a las amonestaciones de los padres en contraste con el necio y terco.

Padre…madre. El punto fundamental es que la conducta del hijo afecta a los padres, para bien o para mal.

No es sólo el sabio quien goza de su sabiduría, ni el necio únicamente quien sufre las consecuencias de su necedad. Son los padres los primeros en cosechar los frutos de una buena o mala educación de los hijos. Se trata en los dos estilos de educación del padre y de la madre; la formulación de la sentencia presente es debida a que la gloria de los hijos repercute más bien en la del padre, mientras que las desgracias afectan más al corazón de la madre, como más sensible y delicado.


La doctrina tradicional del Antiguo Testamento acerca del premio y del castigo, los cuales tenían lugar, según ella, en esta vida. Las riquezas mal adquiridas, aunque de momento procuren un triunfo o bien temporal, muchas veces no aprovechan en esta vida, unas porque la ley las hace volver a su legítimo dueño, otras porque la venganza humana las arrebata; no falta cuando una muerte prematura impide gozar de ellas. La vida virtuosa, en cambio, libra al justo de la perdición a que lleva la impiedad, porque el justo está bajo la protección del Señor; por lo cual “se es bastante rico cuando se es pobre con la justicia, y se es demasiado pobre cuando se es riquísimo con la iniquidad”. La lección que se desprende es que hay que poner más interés en vivir una vida virtuosa que en procurarse riquezas.

El sabio se mueve todavía en un ambiente meramente humano, y su máxima se refiere a los deseos de una vida feliz en la que no le falte con que saciar las más elementales necesidades de su naturaleza, deseos que verá saciados el justo e insatisfechos el impío. Describiendo el salmista la providencia de Yahvé sobre el hombre virtuoso, exclama: “Fui joven y ya soy viejo, y jamás vi abandonado al justo, ni a su descendencia mendigar el pan”; mientras que de los impíos afirma que “serán exterminados, y la posteridad de los malvados, truncada”.

Los cristianos, con la visión más profunda de las cosas que nos ha traído la revelación neotestamentaria (El Nuevo Testamento es la parte de la Biblia cristiana compuesta por un conjunto canónico de libros y cartas escritas después del nacimiento de Jesús de Nazaret), sabemos que Dios ha puesto en nuestro corazón un deseo innato de felicidad de dimensiones sobrenaturales. Dios saciará esos deseos en el justo, porque El mismo se constituye en el objeto supremo de su felicidad y lo hará plenamente feliz en la patria. El impío, por el contrario, verá insatisfechos sus deseos de felicidad, porque quedará privado en el más allá de Dios y también de aquellas cosas terrenas en las que él buscaba su felicidad, y que no hacían otra cosa más que estimular un deseo cada vez mayor de la misma que ellas no podían jamás plenamente llenar.

Los versos siguientes, en que se recomienda la diligencia en el trabajo, contienen un antiguo principio popular que se encuentra en todas las literaturas. Dice relación a la vida agrícola, que los judíos cultivaron en Palestina desde la ocupación de la tierra prometida. “No a los que duermen, no a los ociosos, sino a los vigilantes se prometen los premios, y para el trabajo está preparada la recompensa,”. Claramente podemos ver aquí una amonestación a trabajar a su debido tiempo, sin dejar pasar las ocasiones propicias para santificarse. Aplicado a las diversas edades del hombre, se recomendaría el trabajo en la juventud para proveer a la vejez; el estudio de la sabiduría y la práctica de la virtud en los años jóvenes, para asegurar una vejez llena de honor y estima.

Diversos destinos espera a la memoria del justo y a la del injusto. Aquél es en vida bendecido por Dios  y por los hombres, los cuales después de su muerte lo elogiarán. Conservar después de aquélla un buen nombre era, naturalmente, una de las mayores aspiraciones de un buen israelita, privados como estaban de la revelación sobre una supervivencia feliz en la nueva Jerusalén. La memoria del impío,  será maligna porque todos le aborrecerán y maldecirán. El hombre sensato acepta las instrucciones de la sabiduría; pues aunque su cumplimiento le suponga muchas veces abnegación y sacrificio, le confiere beneficios materiales en esta vida y una gloria que perpetúa su buen nombre en el porvenir. El insensato de labios no es capaz de llevar a la práctica los consejos de la sabiduría sobre el buen uso de la lengua y resiste, por lo mismo, a sus instrucciones sobre este particular.

El hombre honrado que cumple con sus deberes para con todos y a nadie hace mal, puede marchar tranquilo por el camino de su vida, sin temor a la ley o a la venganza de los hombres. El que anda por sendas retorcidas, cuando menos lo piensa, se encuentra con el castigo de aquélla o tiene que sufrir las consecuencias de ésta. El amor y las misericordias de Dios sobre los justos y pecadores, que actúa a través de los factores humanos. Una de las cosas propias de quienes maquinan el mal es el guiño de ojos, que revela doblez de ánimo (Proverbios 10:10), en distinción a la sencillez y nobleza de la mirada franca. El sabio opone los efectos saludables de una reprensión bien hecha, que conduce al arrepentimiento y cambio de conducta. Cerrar los ojos ante un comportamiento malo no es obrar conforme a los principios de la sabiduría, que enseña repetidas veces la conveniencia y necesidad de la corrección, para cambiar la perversidad del corazón y lograr satisfactoriamente la gloria venidera.