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martes, 30 de junio de 2015

El Éxito después de la oración perseverante


1Samuel 1:22  Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.
 
El primer libro de Samuel comienza en los días cuando los jueces aún gobernaban a Israel, posiblemente durante los años finales de la vida de Sansón. Samuel fue el último juez de Israel, y el primer sacerdote y profeta que sirvió durante la época de un rey. Fue el mejor ejemplo de lo que debe ser un buen juez, al gobernar al pueblo por medio de la Palabra de Dios y no por sus propios impulsos. Samuel fue el hombre que ungió a Saúl como primer rey de Israel.

Aun cuando muchos grandes líderes del Antiguo Testamento tuvieron más de una esposa (como Abraham, Jacob, y David), esta no fue la intención original de Dios para el matrimonio. Establece que en el matrimonio, dos personas llegan a ser una sola carne. ¿Por qué, entonces existió la poligamia en el pueblo de Dios? Primero, fue para producir más prole para ayudar en el trabajo del hombre y para asegurar la continuidad de la línea familiar del hombre. Hijos numerosos era símbolo de posición social y de riqueza. 

Segundo, en sociedades donde muchos hombres jóvenes morían en batalla, la poligamia fue aceptada como una forma de sostener a las mujeres que de otra manera se hubieran quedado solteras y, muy probablemente, desamparadas. De todas maneras, la poligamia a menudo causaba serios problemas familiares, como lo vemos en esta historia de Ana y Penina.

El tabernáculo (tabernáculo de reunión) estaba ubicado en Silo, el centro religioso de la nación. Tres veces al año, todos los hombres israelitas debían asistir a una fiesta religiosa que se celebraba en el tabernáculo: la Pascua con la Fiesta de los panes sin levadura, la Fiesta de los tabernáculos y la Fiesta de las semanas. Elcana hacía este peregrinaje con regularidad para cumplir con los mandatos de Dios (para las regulaciones concernientes a la peregrinación.

Ana no había podido concebir hijos, y en los tiempos del Antiguo Testamento, una mujer estéril era considerada una fracasada. Su esterilidad era una vergüenza social para su esposo. Los hijos eran una parte muy importante de la estructura económica de la sociedad. Eran una fuente de trabajo para la familia y su deber era cuidar a sus padres en su vejez. 

Si una esposa no podía tener hijos a menudo era obligada, por las costumbres del antiguo Medio Oriente, a entregar a una de sus siervas a su esposo para tener hijos por ella. Aun cuando Elcana pudo haber dejado a Ana (un esposo podía divorciarse de una esposa estéril), permaneció dedicado a ella amorosamente a pesar de la crítica social y de sus derechos bajo la ley civil.

Parte de los planes de Dios para Ana era el retraso de sus años de fertilidad. Mientras que Penina y Elcana miraban las circunstancias externas de Ana, Dios seguía adelante con su plan. Piense en aquellos a su alrededor que están luchando con el tiempo que Dios toma en contestar sus oraciones y que necesitan su amor y ayuda. Al ayudar a aquellos que están luchando, usted puede estar contribuyendo a que permanezcan firmes en la fe y confiados en que Dios traerá satisfacción a sus vidas en su debido tiempo.

Ana sabía que su esposo la amaba, pero ni siquiera el ánimo que él trataba de darle la consolaba. No podía dejar de escuchar las burlas de Penina y permitía que sus palabras erosionaran su autoestima. Aunque no podemos evitar que otros nos critiquen injustamente, sí podemos decidir cómo reaccionaremos ante sus palabras hirientes. En vez de enfrascarnos dentro de nuestros problemas, podemos disfrutar de las relaciones afectuosas que Dios ha traído a nuestras vidas. Al hacerlo podremos cambiar la autocompasión por esperanza.

Ana tenía buenas razones para sentirse desalentada y amargada. No podía tener hijos; compartía su marido con una mujer que la ridiculizaba; su esposo amoroso no podía resolver su problema; e incluso el sumo sacerdote interpretó mal sus motivos. Pero en lugar de vengarse o de perder la esperanza, Ana oró. Llevó su problema a Dios con sinceridad.
Todos nosotros podemos enfrentar momentos de "esterilidad" en nuestra vida cuando nada "damos a luz" en nuestro trabajo, servicio o relaciones. Es difícil orar con fe cuando nos sentimos tan ineficaces. Pero, como descubrió Ana, la oración abre el camino para que Dios obre.

Tenga cuidado de lo que promete en oración porque Dios aceptará su promesa. Ana deseaba un hijo tan desesperadamente que estuvo dispuesta a hacer un trato con Dios. Dios aceptó su promesa, y el hecho de que ella cumplió con su parte, a pesar de haber sido muy doloroso, dice mucho a su favor.

Si bien no estamos en la posición de negociar con Dios, Él todavía puede decidir contestar la oración que lleve adjunta una promesa. Cuando usted ora, pregúntese: "¿Llevaré a cabo las promesas que hice a Dios si El responde a mi petición?" Es deshonesto y peligroso ignorar una promesa, especialmente a Dios. Dios cumple sus promesas y espera que nosotros cumplamos las nuestras.

Anteriormente, Ana había estado tan desalentada que había enfermado físicamente y no podía comer. Ahora, regresa a casa sana y feliz. El cambio en su actitud puede ser atribuido a tres factores: su oración sincera a Dios, el aliento que recibió por parte de Elí, su resolución a dejar su problema con Dios. Este es el antídoto para el desaliento: Dígale a Dios cómo se siente realmente y deje sus problemas con El. Luego confíe en el apoyo de buenos amigos y consejeros.

Para cumplir su promesa, Ana renunció a lo que más quería -su hijo- y lo presentó a Elí para que sirviera en la casa de Dios. Al dedicar su único hijo a Dios, Ana estaba dedicando su vida entera y su futuro a Él. Ya que la vida de Samuel era de Dios, Ana realmente no estaba renunciando a él. Más bien, se lo estaba regresando a Dios, quien se lo había dado a ella en primer lugar. Estos versículos nos muestran la clase de ofrendas que deberíamos dar a Dios. 

¿Son ofrendas que nos cuestan poco (las mañanas de los domingos, un diezmo cómodo), o son ofrendas de sacrificio? ¿Se presenta usted ante Dios de manera simbólica o se presenta ante El con toda su vida?

Probablemente Samuel tenía tres años, la edad en la que se acostumbraba destetar a los niños, cuando su madre lo dejó en el tabernáculo. Al decir "lo dedico también a Jehová", Ana estaba declarando que entregaba a Samuel a Dios, para un servicio de por vida. Por supuesto que ella no se olvidó de su hijo tan querido. Lo visitaba con regularidad. Y cada año le llevaba una túnica igual a la de Elí. En los años posteriores, Samuel vivió en Ramá, el pueblo natal de sus padres