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martes, 28 de julio de 2015

Recompensas y Castigos





Mateo 24:42  

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Velar por la venida de Cristo es mantener el temperamento mental en que deseamos que nos halle nuestro Señor. Sabemos que tenemos poco tiempo para vivir, no podemos saber si tenemos largo tiempo para vivir; mucho menos sabemos el tiempo fijado para el juicio.

La venida de nuestro Señor será feliz para los que estén preparados, pero será muy espantosa para quienes no lo estén. Si un hombre, que profesa ser siervo de Cristo, es incrédulo, codicioso, ambicioso o amante del placer, será cortado. Quienes escogen por porción el mundo en esta vida, tendrán el infierno como porción en la otra.

Que nuestro Señor, cuando venga, nos sentencie bienaventurados y nos presente ante el Padre, lavados en su sangre, purificados por su Espíritu, y aptos para ser partícipes de la suerte de los santos en luz.

Los incrédulos se lamentarán al descubrir inesperadamente que estaban equivocados. Todo lo que fue objeto de su burla sucederá, y ya será muy tarde para recapacitar.

Es bueno que no sepamos con exactitud cuándo Cristo volverá. Si llegáramos a conocer la fecha precisa, nos veríamos tentados a descuidar la tarea que Cristo nos encomendó, o peor aún, podríamos planear pecar y volvernos a Dios justo al final. El cielo no es la única meta; hay una labor que cumplir aquí. Y debemos llevarla a cabo hasta la muerte o hasta el momento inequívoco del regreso de nuestro Señor.

La Segunda Venida de Cristo será repentina y sorpresiva. No habrá oportunidad de reflexión tardía, arrepentimiento de último minuto ni regateo. La elección que ya hayamos hecho determinará nuestro destino eterno.

El propósito de Jesús al referirse a su regreso no es estimular predicciones ni cálculos acerca de la fecha sino advertirnos que debemos estar preparados. ¿Estará usted listo? La única medida que hay que tomar es obedecerle hoy.

Jesús nos pide que mientras esperamos, cuidemos de su pueblo y nos ocupemos de su obra en la tierra, dentro y fuera de la iglesia. Esta es la mejor manera de estar preparados para el regreso de Cristo.

El conocer que la venida de Cristo será sorpresiva debiera motivar en nosotros una constante preparación. No debemos vivir en forma irresponsable. No debemos sentarnos y esperar sin hacer nada, ni buscar el placer de ser servidos, ni usar su demora como una excusa para no cumplir con la tarea de Dios de edificar su Reino, ni confiarnos en cálculos precisos de las fechas, ni permitir que nuestra curiosidad por el fin de los tiempos nos aparte de cumplir con la obra de Dios.

"El lloro y el crujir de dientes" es una frase que denota desesperación. El juicio venidero de Dios es tan cierto como el regreso de Cristo a la tierra.

Toda conversación de señales y tiempos ahora desaparece, al cambiar de los eventos de esta generación. ¡Lo único que se puede decir con convicción acerca del tiempo es que llegará inesperadamente!


Si la fecha es desconocida, las personas se hallarán desprevenidas, como en los días de Noé. Habrá sólo dos grupos: los preparados (los salvos) y los no preparados (los perdidos). Los versículos 40, 41 ilustran con escenas vívidas de la vida diaria cómo esta división básica ha de separar a aquellos cuya situación en otras cosas es idéntica. La manera de estar preparados no es asunto de saber calcular la fecha, ya que esto es imposible (tal como el ladrón no anuncia la hora de su llegada), sino de estar siempre velando.

Sin embargo, es imposible vivir la vida en alerta constante. Cuando el Señor deja encargado a un siervo durante su ausencia, no piensa que lo encontrará esperando a la puerta cuando regresa, sino ocupado en la tarea encomendada. Ninguno de los dos siervos mencionados tiene conocimiento por adelantado del regreso del dueño; la diferencia radica en cómo los halla ocupados a su regreso. Nuestra disposición para la llegada de Jesús no se basa en alguna especulación emocionante de fecha, sino en nuestra fiel mayordomía.

Los temas de recompensas y castigos se repiten constantemente en el Evangelio de Mat. La recompensa del servicio fiel es mayores responsabilidades.

Jesús usa un lenguaje vívido, profético y simbólico cuando describe su glorioso retorno.

Las enseñanzas de Jesús debían crear un espíritu vigilante entre sus seguidores.

De la misma manera que la aparición de las hojas en los árboles anuncia la llegada del verano, las señales descritas por Jesús serían un aviso de su venida. Ciertamente, aquella generación presenciaría la destrucción de Jerusalén, que era el tipo de acontecimiento que sobrevendría al regreso de Cristo.

En tiempos de indiferencia y descuido aparecerá súbitamente el Señor. Algunos serán arrebatados para recibirle en lo alto, en tanto otros serán dejados. La idea de tal acontecimiento nos obliga a estar vigilantes y preparados.

Mientras esperamos el regreso del Señor, debemos servirle responsablemente leal y con la fe firme.

Lo primero que llama la atención en el pasaje es el terrible anuncio que, en él se hace del estado del mundo cuando el Señor venga por segunda vez.
El mundo no estará entonces convertido; mas se encontrará en el mismo estado en que se encontraba en el diluvio. Cuando este sobrevino los hombres  "estaban comiendo y bebiendo, tomando mujeres y dándolas en matrimonio," es decir, estaban engolfados en los asuntos de este mundo a despecho de las  repetidas admoniciones que Noé les había dirigido.

El diluvio no les pareció cosa probable: no creyeron que hubiera peligro alguno. Más al fin sobrevino la  avenida de aguas, y súbitamente los arrebató a todos. Y nuestro Señor dijo que así sucedería en los días del Hijo del hombre.
Lo segundo que llama nuestra atención, es la terrible separación que se nos dice tendrá lugar en el segundo advenimiento. "Uno será tomado y otro dejado…
Ahora los creyentes y los incrédulos están mezclados unos con otros. En la congregación y en la casa de oración, en la ciudad y en el campo, los hijos de Dios  y los hijos del mundo se encuentran juntos. Cuando el Señor descienda en las nubes habrá una separación completa.
En un momento, en un abrir y cerrar de  ojos, cuando suene la última trompeta, los unos serán para siempre apartados de los otros. Las esposas serán separadas de sus maridos, los padres de los hijos,  los hermanos de las hermanas, los amos de los criados, los predicadores de los oyentes.
No habrá tiempo para palabras de despedida, o para cambiar de  parecer: todos seremos arrebatados como estuviéremos, y segaremos según lo que hubiéremos sembrado. Los creyentes iremos a gozar de la gloria, de la vida eterna; los  incrédulos serán sumergidos en un hondo abismo de miseria y deshonor.