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martes, 26 de agosto de 2014

Los hijos dignos de la mirada del Señor


Salmos 37:28  Porque Jehová ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; Mas la descendencia de los impíos será destruida.

Nunca deberíamos envidiar al malvado, aun cuando algunos quizás sean muy populares o excesivamente ricos. No importa cuánto tengan, se debilitarán y desaparecerán como la hierba que se corta y se seca. Los que siguen a Dios viven de manera diferente a los malvados y, al final, tendrán tesoros mayores en el cielo. Lo que los incrédulos obtienen puede durar lo mismo que la vida, si tienen suerte. Lo que usted obtiene al seguir a Dios perdura para siempre.

David nos llama a deleitarnos en el Señor y a entregarle todo lo que tenemos y hacemos ("tu camino"). Pero, ¿cómo hacemos esto? Deléitate significa experimentar gran placer y gozarse en la presencia de alguien. Esto sucede únicamente cuando conocemos muy bien a esa persona. Por lo tanto, para deleitarnos en el Señor, debemos conocerle mejor. El conocimiento de su gran amor por nosotros nos dará deleite.

Encomienda significa confiarle todo al Señor: vida, familia, trabajo y posesiones, para su control y dirección. Encomendarnos al Señor significa confiar y creer que El cuidará de nosotros mejor de lo que nosotros pudiéramos hacerlo. Deberíamos estar dispuestos a esperar con paciencia  para que El haga lo que es mejor para nosotros.

La ira y el disgusto (enojo) son dos de las emociones más destructivas. Revelan una falta de fe en que Dios nos ama y está al timón de nuestras vidas. No debemos disgustarnos. En cambio, debemos confiar en el Señor, entregándonos a Él para su servicio y para que nos ponga a salvo. Cuando usted se enfrasca en sus problemas, se vuelve ansioso y se enoja. Pero si se concentra en Dios y en su bondad, encontrará paz. ¿Dónde pone su atención?

La mansedumbre no parece ser el arma apropiada para enfrentar enemigos. La batalla de Dios debe llevarse a cabo con una fe serena, humildad delante de Él y esperanza en su liberación. Jesús también promete una recompensa segura para los que tienen actitudes humildes (Mateo 5:5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad).

Se pueden decir muchas cosas acerca del carácter de una persona por la forma en que maneja el dinero. Los impíos disfrazan el robo como préstamo. Los justos dan con generosidad al necesitado. Los impíos, por lo tanto, se centran en sí mismos mientras que los justos buscan el bienestar de los demás.

Dios ordena y afirma los pasos del que le busca. Si quiere que Dios dirija su camino, busque su consejo antes de dar el primer paso.

Puesto que niños mueren de hambre hoy, como en los días de David, ¿qué quiso decir él con estas palabras? Los hijos de los justos no tendrán hambre porque otros creyentes los ayudarán en sus momentos de necesidad. En los días de David, Israel obedeció las leyes de Dios que establecían que se debía tratar a los pobres con justicia y misericordia. Mientras Israel fue obediente, hubo suficiente comida para todos. Cuando Israel se olvidó de Dios, los ricos cuidaron de sí mismos y los pobres sufrieron (Amos 2:6,7).

Cuando veamos a un hermano en Cristo sufriendo, podemos responder de tres maneras: (1) Decir, como los amigos de Job, que el afligido se acarreó los males. (2) Decir que es una prueba para ayudar al pobre a tener más paciencia y confianza en Dios. (3) Podemos ayudar a la persona en necesidad. David hubiera aprobado solo la última opción. A pesar de que muchos gobiernos actuales tienen sus leyes para ayudar a los necesitados, esto no es excusa para olvidar al pobre y al necesitado que están a nuestro alcance.

Es difícil esperar con paciencia la acción de Dios cuando queremos un cambio inmediato. Pero Dios promete que si nos sometemos a su tiempo, Él nos exaltará. Pedro dice: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo" (1Pedro 5:6). Sea paciente, haciendo con mansedumbre la obra que Dios le ha asignado, y permita que El decida el mejor momento para cambiar sus circunstancias.

Lo que uno habla muestra lo que es. La palabra expresada incluye la idea de meditación y la expresión de la meditación. Hay relación íntima entre lo que uno piensa y lo que habla. La leyen su corazón significa que la Palabra de Dios debe hacerse parte de su vida; incluye el desafío de memorizar la Palabra de Dios.

Agradar a Dios se conoce como adoración. El propósito primario de la vida debiera ser agradar a Dios. Todo lo que hagas para complacer a Dios en un acto de adoración. Así como el diamante, la adoración tiene muchas facetas.
La adoración es un estilo de vida.
Cuando adoramos, nuestro objetivo debería ser complacer a Dios, no a nosotros mismos. La adoración no es para ti. Es para Dios. Por supuesto, adorar tiene sus beneficios; pero no adoramos para darnos el gusto. Nuestro motivo debe ser glorificar a nuestro Creador y complacerlo o agradarlo.

"Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia. "SALMO 147:11
La adoración no es lo que hacemos con nuestros labios; es lo que hacemos con nuestra vida. Todos los cantos, las oraciones y las alabanzas son en vano si no van unidas a un cambio y compromiso personal. No hay lugar para espectadores en la adoración. La adoración pasiva es una incongruencia. La verdadera adoración es ofrecer nuestra vida para agradar a Dios.