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martes, 24 de mayo de 2016

CUIDANDO LAS PALABRAS DE NUESTRO CORAZÓN


Efesios 5:4  ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.


Tres versículos para entender el propósito de nuestros Señor en éste momento: 


Mateo 15:11  No lo que entra en la boca contamina al hombre; más lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 


Jeremías 17:9  Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?


Eclesiastés 5:2  No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.


Las sucias concupiscencias deben arrancarse de raíz. Hay que temer y abandonar esos pecados. Estas no son sólo advertencias contra los actos groseros de pecado, sino contra lo que algunos toman a la ligera. 

Pero estas cosas distan tanto de ser provechosas, que contaminan y envenenan a los oyentes. Nuestro júbilo debiera notarse como corresponde a los cristianos al dar gloria a Dios. El hombre codicioso hace un dios de su dinero; pone en los bienes mundanos su esperanza, confianza y delicia, las que sólo debieran estar en Dios.



Los que caen en la concupiscencia de la carne o en el amor al mundo, no pertenecen al reino de la gracia, ni irán al reino de la gloria. Cuando los transgresores más viles se arrepienten y creen el evangelio, llegan a ser hijos de obediencia de los cuales se aparta la ira de Dios.

¿Osaremos tomar a la ligera lo que provoca la ira de Dios? Los pecadores, como hombres en tinieblas, van a donde no saben que van, y hacen lo que no saben, pero la gracia de Dios obra un cambio tremendo en las almas de muchos.



Andan como hijos de luz, como teniendo conocimiento y santidad. Las obras de las tinieblas son infructuosas, cualquiera sea el provecho del que se jacten, porque terminan en la destrucción del pecador impenitente.



Hay muchas maneras de inducir o de participar en los pecados ajenos: felicitando, aconsejando, consintiendo u ocultando. Si participamos con el prójimo en sus pecados, debemos esperar una participación en sus plagas. Si no reprendemos los pecados de otros, tenemos comunión con ellos.



El hombre bueno debe avergonzarse de hablar de lo que a muchos impíos no avergüenza hacer. No sólo debemos tener la noción y la visión de que el pecado es pecado y vergonzoso en alguna medida, pero hemos de entenderlo como violación de la santa ley de Dios. 

Según el ejemplo de los profetas y apóstoles debemos llamar a los que están durmiendo y muertos en pecado para que se despierten y se levantan para que Cristo les dé luz.



Así como los hijos imitan a sus padres, también debiéramos imitar a Cristo. Su gran amor lo condujo a sacrificarse por nosotros de manera que pudiéramos vivir. 

Nuestro amor por otros debiera ser de la misma clase, un amor que va más allá del afecto, a un servicio de auto sacrificio.



Las obscenidades o las vulgaridades son tan comunes que empezamos a aceptarlas. La advertencia de Pablo, sin embargo, indica que el vocabulario perverso no será parte del diálogo cristiano porque no refleja la presencia de Dios en nosotros. ¿Cómo podemos alabar a Dios y recordarles a los demás sus bondades cuando nos dedicamos a hablar en forma liviana?



Pablo no prohíbe el contacto con los inconversos. Jesús enseñó a sus seguidores a ser amigo de pecadores para conducirlos a Él. Más bien Pablo se refiere a pasar por alto o adoptar la forma de vida de quienes se amparan en excusas para conductas negativas y trasmitirlas a otros mientras están en la iglesia o fuera de ella. 

Ese tipo de personas pueden contaminar con rapidez la iglesia y poner en peligro su unidad y propósito.



Debemos ser amigos de los incrédulos si vamos a guiarlos a Cristo, pero debemos actuar con cautela con los viciosos, inmorales o los que se oponen a todo lo que el cristianismo postula. Esa clase de personas tienden más a influir en nosotros con lo malo que lo que podamos hacer para influir en ellos con lo bueno.



Como hijos de luz sus acciones debieran reflejar su fe. Debiéramos llevar vidas morales de modo que reflejemos la bondad de Dios en favor de otros. Esto es lo que destacó Jesús en el Sermón del Monte.



Es importante evitar "las obras infructuosas de las tinieblas" (todo placer o actividad que derive en pecado), pero debemos ir un poco más allá. Pablo nos instruye a reprenderlos y denunciarlos ya que a menudo nuestro silencio puede interpretarse como aprobación. Dios necesita personas que defiendan lo bueno. Dondequiera que esté, hable con amabilidad de lo que es bueno y verdadero.