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martes, 3 de mayo de 2016

Alejando de nuestras vidas cualquier vestigio de idolatría



1Corintios 10:6  Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

Los deseos carnales se fortalecen con la indulgencia, por tanto, deben refrenarse en su primera aparición. Temamos los pecados de Israel, si queremos evitar sus plagas. Es justo temer que los que así tientan a Cristo sean dejados por Él en poder de la serpiente antigua. Murmurar contra las disposiciones y los mandamientos de Dios, es una provocación extrema. Nada en la Escritura ha sido escrito en vano, siendo sabiduría y deber nuestros, aprender de ella. Otros han caído, así que nosotros podemos caer.

El seguro cristiano contra el pecado es desconfiar de sí mismo. Dios no ha prometido impedir que caigamos si no nos cuidamos a nosotros mismos. Se agrega una palabra de consuelo a esta palabra de cautela. Los demás tienen cargas similares y tentaciones parecidas: nosotros también podemos soportar lo que ellos soportan y salir adelante. Dios es sabio y fiel, y hará que nuestras cargas sean según nuestra fuerza.

Él sabe lo que podemos soportar. Dará una vía de escape; librará de la prueba misma o, por lo menos, de la maldad de esta. Tenemos un estímulo pleno para huir del pecado, y ser fieles a Dios. No podemos caer por la tentación, si nos aferramos a Él con fuerza. Sea que el mundo sonría o se enoje, es un enemigo; pero los creyentes serán fortalecidos para vencerlo, con todos sus terrores y seducciones. El temor del Señor en sus corazones será el mejor medio de seguridad.

En el capítulo 9 Pablo se muestra como ejemplo de un cristiano maduro que se disciplina a sí mismo para servir mejor a Dios. En el capítulo 10, usa a Israel como un ejemplo de inmadurez espiritual mostrado en su auto confianza y pérdida de autodisciplina.

Las nubes y el mar mencionados aquí hacen referencia al escape del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, cuando Dios los guio a través de una nube y los trajo de la esclavitud a través del Mar Rojo. El alimento y la comida espiritual son la milagrosa provisión que Dios les dio mientras peregrinaban por el desierto.

Las presiones de hoy hacen que con facilidad olvidemos o pasemos por alto las lecciones del pasado. Pero las advertencias de Pablo nos invitan a recordar las lecciones que los israelitas aprendieron acerca de Dios, de modo que evitemos repetir sus errores. La clave para recordarlos es estudiar la Biblia con regularidad al grado que estas lecciones lleguen a convertirse en advertencias continuas de cómo quiere Dios que vivamos. ¡No necesitamos repetir sus errores!

En una cultura llena de depravación moral y presiones, Pablo dio a los corintios palabras de aliento firmes acerca de la tentación. Dijo: deseos errados y tentaciones son comunes a todos, de manera que no piense que le sucede sólo a usted, otros han resistido las tentaciones y usted también lo puede hacer, toda tentación puede ser resistida porque Dios le ayudará a que así sea. 

Dios le ayuda a resistir la tentación ayudándole a: reconocer a aquellas personas y situaciones que le originan problema, apartarse de todo aquello que usted sabe que es erróneo, escoger sólo lo que es correcto, orar pidiendo la ayuda de Dios, y buscar la compañía de aquellos que aman a Dios y que serán de ayuda en tiempos de tentación. Huir de la tentación es el primer paso hacia la victoria.

La adoración a los ídolos era la principal expresión religiosa en Corinto. Había varios templos paganos en la ciudad y eran muy populares. Las estatuas de madera o piedra no eran malas en sí mismas, pero la gente les daba crédito por lo que sólo Dios era capaz de hacer, como proveerles un buen clima, cosecha e hijos. La idolatría sigue siendo un serio problema hoy, pero aparece en distintos envoltorios. 

No ponemos nuestra confianza en estatuas de madera o piedra sino en los billetes y en las tarjetas de crédito. Confiar en las cosas que sólo Dios puede proveer es idolatría. Nuestros ídolos modernos son símbolos de poder, placer o prestigio que son altamente recompensados. Cuando comprendemos los paralelos contemporáneos con la idolatría, las palabras de Pablo "huid de la idolatría" vienen a ser más significativas.

La idea de unidad con Dios por medio de la comida sacrificada era muy notoria en el judaísmo y el cristianismo así como también en el paganismo. En los tiempos del Antiguo Testamento, cuando un judío ofrecía un sacrificio, comía parte del mismo como una manera de restaurar su unidad con Dios, contra quien había pecado. 

En forma similar, los cristianos participan en un sacrificio hecho una sola vez y para siempre, cuando comen el pan y beben el vino que representan su cuerpo y sangre. Los convertidos recientes del paganismo no serían ayudados si a sabiendas comían la carne ofrecida a los ídolos.

Como seguidores de Cristo debemos darle toda nuestra lealtad. No podemos, como Pablo explica, comer "pan de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios". Comer de la mesa del Señor significa comunión con Cristo e identificación con su muerte. Comer de la mesa de los demonios significa identificarse con Satanás, participando en actividades de adoración o que promueven idolatría (o maldad). ¿Está usted tratando de llevar dos vidas, siguiendo los deseos de Cristo como también los de la multitud? La Biblia dice que no puede hacer ambas cosas al mismo tiempo.