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jueves, 21 de mayo de 2015

Criticando por la paja del ojo ajeno


Romanos 2:1  Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.


Cuando sintamos cólera justificada por el pecado de alguien, debiéramos tener cuidado. Debemos hablar en contra del pecado, pero debemos hacerlo con espíritu de humildad. A menudo los pecados que vemos con más claridad en otros son los que tienen raíces en nosotros. Si nos miramos con cuidado, descubriremos que cometemos el mismo pecado en las más diversas formas socialmente aceptables. Por ejemplo, un chismoso quizás critique con obstinación a otros que chismean en su contra.

Cuando la carta de Pablo se leyó en la iglesia de Roma, sin duda muchas cabezas asintieron al condenar el culto idolátrico y la violencia. Pero cuán sorprendidos se habrán sentido cuando se volvió a ellos y les dijo: "No tienen excusa. Ustedes son tan malos cono ellos" Pablo afirmaba enfáticamente que nadie es suficientemente bueno para salvarse a sí mismo. Si deseamos evitar el castigo y vivir con Cristo para siempre, todos -no importa si somos homicidas, irrespetuosos, ni si somos ciudadanos honestos, trabajadores, excelentes- debemos depender por completo de la gracia de Dios. Pablo no discute si algunos pecados son peores que otros. Cualquier pecado es suficiente para llevarnos a depender de Cristo en cuanto a la salvación y la vida eterna. No hay otro camino, aparte de Cristo, por medio del cual uno puede ser salvo del pecado y sus consecuencias, y todos hemos pecado reiteradamente.

En su bondad, Dios retarda su juicio para darle tiempo a la gente para que se arrepienta. Es muy fácil confundir la paciencia de Dios con la aprobación de la forma equivocada en que vivimos. La auto evaluación es difícil, y más difícil aún es sincerarnos con Dios y permitirle que nos diga en qué debemos cambiar. Sin embargo, como cristianos debemos orar siempre a fin de que Dios nos señale nuestros pecados y nos cure. Es lamentable, pero es más fácil sorprendernos de la paciencia que Dios tiene con otros, que humillarnos ante la que Él tiene con nosotros.

A pesar de que por lo general no recibimos el castigo inmediato por cada pecado, el juicio final de Dios es cierto. No sabemos con exactitud cuándo ocurrirá, pero sabemos que nadie escapará del encuentro final con el Creador.

Pablo dice que los que con paciencia y perseverancia hacen la voluntad de Dios tendrán vida eterna. No contradice su declaración anterior de que la salvación es solo por fe. Las buenas obras no nos salvan, pero cuando entregamos nuestra vida por completo a Dios, queremos agradarle y hacer su voluntad. Por lo tanto, nuestras buenas obras son una demostración de agradecimiento por lo que Dios ha hecho, no un prerrequisito para obtener su gracia.

La gente se condena no por lo que desconoce, sino por lo que hace con lo que sabe. Quienes conocen la Palabra escrita de Dios y su Ley serán juzgados por ellas. Quienes nunca han visto una Biblia saben diferenciar entre lo bueno y lo malo, y se les juzgará por no haber tomado en cuenta ni siquiera las normas que su conciencia les dictaba. A menudo, el juicio de Dios se ve obstaculizado por nuestro sentido moderno del proceso legal y los derechos del individuo. Pero recuerde que las personas suelen violar las normas que crearon para ellas mismas.

Si viajara alrededor del mundo, descubrirá en cada sociedad evidencias de la Ley moral de Dios. Par ejemplo, todas las culturas prohíben el homicidio y aun así en todas las sociedades esa ley se quebranta. Pertenecemos a un género terco. Sabemos lo que es bueno, pero insistimos en hacer lo malo. Admita ante usted y ante Dios que encaja en el molde humano y que a menudo no cumple con las normas establecidas (mucho menos con las de Dios). Ese es el primer paso hacia el perdón y la santidad.

Pablo continúa desarrollando su argumento en el sentido de que todos somos culpables delante de Dios. Después de describir el fin de los incrédulos, los gentiles paganos, se ocupa de los religiosos privilegiados. A pesar del conocimiento que tienen de la voluntad de Dios, también tienen culpa por no vivir lo que creen. Quienes han crecido en hogares cristianos son los religiosos privilegiados de hoy. La condenación de Pablo es aplicable a ellos si no llegan a vivir conforme a lo que saben.

Pablo indica a los judíos que necesitaban auto juzgarse por la Ley y no juzgar a otros. Conocían muy bien la Ley y sabían cómo justificar sus acciones mientras criticaban a los demás. Pero la Ley es más que la "letra". Es una pauta para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y también es una advertencia de que no podemos vivir rectamente sin mantener una relación con Dios. Cómo Jesús destacó, retener lo que pertenece a alguien es robar y mirar a otra persona para codiciarla es adulterio. Antes de acusar a otros, debemos mirarnos y verificar si ese pecado, en cualquiera de sus formas, está en nosotros.

Estos versículos son una crítica mordaz a la hipocresía; es mucho más fácil decir a otros cómo comportarse que vivir como es debido. Es más fácil decir las palabras buenas que permitirles que echen raíces en nosotros. ¿Aconseja a otros que hagan algo que usted no está dispuesto a hacer? Procure que sus palabras las avalen sus acciones.

Si usted dice formar parte del pueblo de Dios, su vida debe reflejar a Dios. Cuando le desobedece, deshonra su nombre y por ello la gente incluso puede hablar mal de Dios. ¿Qué piensa de Dios la gente al contemplar su vida?

Deuteronomio 10:16  Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.

La palabra circuncisión se refiere a la señal del pacto de Dios con su pueblo. Se requería que todos los varones judíos se sometieran a este rito. Para Pablo, ser judío (circuncidado) no significaba nada si la persona no obedecía las leyes de Dios. Por otro lado, los gentiles (incircuncisos) podían recibir el amor y la aprobación de Dios si guardaban sus mandamientos. Pablo pasa a explicarnos que el verdadero judío (uno que tiene el favor de Dios) no es la persona circuncidada (un judío "exteriormente"), sino aquel cuyo corazón es recto delante de Dios y le obedece (un judío "en lo interior").

Ser judío significaba formar parte de la familia de Dios y heredar todas sus promesas. Sin embargo, Pablo aclara que la membresía en la familia de Dios se basa en cualidades internas, no externas. Todos los que tengan corazones rectos son judíos en verdad, o sea, miembros de la familia de Dios. Así como la circuncisión no era suficiente para los judíos, tampoco lo es asistir a la iglesia, ser bautizado, confirmado o aceptado como miembro. Dios busca nuestra sincera entrega y obediencia.

Cuando unos quinientos años más tarde Salomón colocó el arca en el templo recién construido, las tablas de la Ley todavía estaban allí. El arca aparece por última vez en la historia de Israel durante el reinado de Josías, aproximadamente trescientos años después de Salomón.

A menudo nos preguntamos, "¿qué espera Dios de mí?" Aquí Moisés nos da un resumen simple y fácil de recordar. Aquí están los elementos esenciales: Temor de Dios (tener reverencia ante El). Caminar en todos sus caminos. Amarlo. Servirle con toda el alma. Guardar sus mandamientos. Cuán a menudo complicamos la fe con reglas, regulaciones y requerimientos hechos por los hombres. ¿Se encuentra frustrado y consumido tratando arduamente de complacer a Dios? Concéntrese en lo que Dios pide de veras y encuentre paz. Respete, siga, ame, sirva y obedezca.

Dios mandó que todos los varones israelitas fueran circuncidados, pero quería que fueran más allá de la realización de la cirugía y entendieran su significado. Era necesario que se sometieran a Dios por dentro, en sus corazones, tanto como afuera, en sus cuerpos. Entonces podrían empezar a imitar el amor y la justicia de Dios en sus relaciones con los demás. Si nuestros corazones están en orden con Dios, también lo estarán nuestras relaciones con los demás. Cuando su corazón haya sido limpiado y se haya reconciliado con Dios, comenzará a ver una diferencia en la forma en que trata a los demás.

Al decir Moisés que Jehová es Dios de dioses y Señor de señores, estaba distinguiendo al Dios verdadero de todos los dioses locales que se adoraban a lo largo de la tierra. Luego Moisés fue un paso más adelante al llamarlo Dios grande, poderoso y temible. Él tiene tanta grandeza, poder y justicia que el pueblo no puede permanecer delante de El a no ser por su misericordia. Afortunadamente, su misericordia hacia su pueblo es ilimitada. Cuando comenzamos a comprender el alcance de la misericordia de Dios hacia nosotros, podemos comprender lo que es amor verdadero y cuán profundamente nos ama Dios. Aunque nuestros pecados merecen un castigo severo, Dios ha preferido mostrar su amor y misericordia a todos los que le busquen.