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martes, 24 de marzo de 2015

Preeminencia de la Ley de Dios sobre el fariseismo



Mateo 12:8  porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo

Cada semana se reemplazaban los panes de la proposición y los sacerdotes comían los mismos. Los panes que recibió David fueron los que habían sido reemplazados. A pesar de que los sacerdotes eran los únicos que podían comer de esos panes, Dios no castigó a David porque su necesidad era más importante que los tecnicismos legales. 

Jesús estaba diciendo: "Si ustedes me condenan, tendrán también que condenar a David", algo que los líderes religiosos no podían hacer sin originar un gran alboroto entre la gente. Debe enfatizarse que Jesús no estaba apoyando la desobediencia a las leyes de Dios. Pero enfatizaba la importancia de tener discernimiento y compasión al aplicar las leyes.

Los Diez Mandamientos prohibían trabajar en el día de reposo.  

Éxodo 20:8  Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;  más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Esa era la letra de la Ley. Pero como el propósito del día de reposo era descansar y adorar a Dios, los sacerdotes podían trabajar para llevar a cabo los sacrificios y conducir los cultos de adoración. Esta "labor sabática" servía y rendía culto a Dios. Jesús siempre enfatizó la intención de la ley. Los fariseos se habían olvidado del espíritu de la ley y en forma rígida demandaban que se obedeciera al pie de la letra su interpretación de la misma. 


Los fariseos habían establecido treinta y nueve categorías generales de actividades prohibidas en el día de reposo. Estaban basadas en interpretaciones de la ley de Dios y en las tradiciones judías. Cosechar era una de esas prohibiciones. Según los líderes religiosos, al arrancar espigas de trigo y sobarlas en sus manos, los discípulos estaban técnicamente cosechando. Jesús y los discípulos habían arrancado las espigas porque tenían hambre no porque quisieran segar el grano con fines de lucro. Jesús y sus discípulos no estaban trabajando en el día de reposo. Los fariseos, sin embargo, no pudieron (y no quisieron) ver más allá del tecnicismo de las leyes.


Los fariseos se preocupaban tanto de los rituales religiosos que olvidaban el propósito del templo: llevar la gente a Dios. Como Cristo es mayor que el templo, quién mejor que Él puede conducir la gente a Dios. Dios es mucho más importante que todos los instrumentos que se utilizan en la adoración. Si nos preocupamos más de los instrumentos de la adoración que de la Persona que adoramos, no estaremos alcanzando a Dios aunque pensemos que le estamos rindiendo culto.


Jesús repitió a los fariseos palabras que los judíos habían oído muchas veces a través de su historia. La actitud de nuestro corazón hacia Dios es primero. Sólo así podemos con propiedad obedecer y observar las regulaciones y rituales religiosos.


Cuando Jesús dijo que era "Señor del día de reposo" proclamó ser más importante que la ley y estar por encima de ella. Para los fariseos esto era herejía. No se daban cuenta de que Jesús, el divino Hijo de Dios, era el creador del día de reposo. El Creador es siempre más grande que la creación; por esta razón Jesús tiene la autoridad de dejar sin efecto sus tradiciones y regulaciones de los fariseos.


Marcos 1:21  Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba.

La creciente oposición de los líderes religiosos al ministerio de Jesús encuentra su más completa expresión en la observancia del sábado, la más sagrada institución entre los judíos fariseistas.

El sistema religioso legalista era una carga severa, pero el servicio a Jesús no enfada, porque se construye sobre una relación personal con Dios mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros.

Jesús apoya la conducta de sus discípulos apelando al ejemplo de David (enseñanza sobre los panes en el altar de sacrificio), el cual demuestra que las regulaciones normales del sábado deben subordinarse a las necesidades humanas.

Las necesidades humanas tienen preminencia sobre una estricta interpretación de la Ley, que pierde de vista su verdadera intención.


Al reclamar ser mayor que el templo y Señor del día de reposo, Jesús estaba reclamando divinidad.


Sanar no estaba permitido el sábado, excepto cuando la vida corría peligro. Aun entonces, sólo estaba permitido tomar medidas para prevenir que las cosas empeoraran; nada podía hacerse para mejorarlas. Jesús contradijo esta obvia falacia diciendo que es lícito hacer el bien en los días de reposo.


Lo cierto es que nuestro Señor no abolió el mandamiento que se refiere al sábado: lo que hizo fue desenmarañarlo de interpretaciones incorrectas y despejarlo  de las tradiciones humanas. No lo borró del decálogo, más lo dejó en su lugar, como parte de la ley eterna de Dios, de la cual no ha de pasar ni un punto, ni  una tilde.


Desde luego tendremos que convencernos de que nuestro Señor Jesucristo no suprime la observancia de un día de descanso cada semana. Tal supresión no se  encuentra ni en este pasaje de Mateo, ni en ninguna otra parte de los cuatro Evangelios. Con mucha frecuencia expresó su opinión relativamente a los errores de los  judíos sobre la santificación del sábado, mas jamás dijo que sus discípulos no debían en manera alguna guardarlo.


El tema que se nos presenta en este pasaje de Mateo de una manera prominente es la observancia del sábado. Acerca de dicho asunto prevalecían en medio de los judíos  de aquel tiempo opiniones singulares. Los fariseos habían adicionado sobre el particular las enseñanzas de la Escritura, y habían recargado el precepto  con adiciones humanas. En las iglesias cristianas las opiniones han sido diversas, y aun el día de hoy estamos lejos de haber llegado a un acuerdo completo.
Irónicamente, aquellos que se sentían ultrajados por una supuesta violación del sábado, no tuvieron escrúpulos en preparar un complot para destruirle.


Finalmente, quienes son fieles servidores de Jesús principalmente el día sábado, están regidos a las leyes humanas, que aún practican las leyes de los fariseos y quienes lo hacen son cómplices de aquellos, por llevar a nuestro Señor Jesucristo a la cruz del calvario.