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viernes, 22 de agosto de 2014

La dicha del perdón


Salmos 32:1 

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
La Biblia Torrez Amat  traduce el Salmo 32:1 Felices aquellos a quienes se han perdonado sus iniquidades, y se han borrado sus pecados.

Si la oración es suficiente para solucionar el problema más serio de todos —el pecado que pudiera ser contado en contra nuestra ante Dios  ¿no resolverá la oración todos los problemas de la vida? Tal es el tema de este Salmo, presentado en declaraciones alternadas y testimonio o apelación. Puede ser de la época del adulterio de David con Betsabé. 

De ser así, los versículos 3 y 4 muestran a David con la carga de una conciencia culpable y el versículos 5 corresponde a la notable confesión de 2 Samuel 12:13 “David respondió a Natán: 'He pecado contra el Señor'. Y Natán dijo a David: “El Señor también ha perdonado tu pecado” Este incidente por lo menos ilustra lo que el Salmo afirma: la oración de confesión produce perdón instantáneo.

La bendición del pecado perdonado. Transgresión… pecado… iniquidad, respectivamente “rebeliones” (burlarse a sabiendas de la voluntad de Dios que uno conoce), “pecados” (asuntos específicos de malos pensamientos, palabras, acciones), “iniquidad” (la distorsión moral interior de la naturaleza caída). Jehovah… en cuyo espíritu, el Señor no tiene más cargos; el pecador no ha escondido nada.

Gemidos reemplazados por confesión y perdón. Nótense las mismas tres palabras usadas en los versículo 1, 2; reconocimiento de pecado, el mal que hice; reconociendo que mi rebelión fue voluntaria; y el Señor alargó su mano directamente dentro del pozo donde se originó la corrupción y perdonó la iniquidad de mi pecado.

La oración es la solución para todos. La pronta respuesta del Señor es más amplia que la persona individual y que el mero problema del pecado: Todo fiel puede orar en cada emergencia. Por eso, o sea, hasta el pecado puede ser solucionado con la oración. Fiel, “los que le aman y corresponden a su amor”. El contexto dentro del cual el versículos 7 se convierte en realidad: cuando se obedece conscientemente la palabra de Dios. 

Fijaré mis ojos…, sobre ti; no se trata de una amenaza, sino de una promesa de un constante cuidado. La enseñanza del Señor no es un dictamen impersonal sino la palabra cariñosa de un Dios que tiene cuidado de los suyos. Por eso, nuestra reacción no debe ser el cumplimiento forzado de una bestia sin entendimiento sino una obediencia cariñosa correspondiente.

El amor que no falla rodea a los que confían. Existen tres facetas de la complacencia en el estado de protección: la continua actividad de confiar, la relación básica de “andar bien con Dios” y la realidad moral de un carácter recto. Los tales no son inmunes a los impíos, pero cuando llega, ellos están rodeados del amor que nunca falla.

Lea este salmo en forma conjunta con el Salmo 51. Aquí David expresa el gozo del perdón. Dios lo había perdonado por los pecados que había cometido en contra de Betsabé y Urías. Este es otro de los salmos penitenciales (de arrepentimiento) en donde el escritor confiesa su pecado a Dios.

La clave de todo está en reconocer el pecado cometido y arrepentirse de, con eso hallará gracia ante el Señor
Dios quiere perdonar a los pecadores. El perdón ha sido siempre parte de su naturaleza amorosa. Lo anunció a Moisés, lo reveló a David y lo mostró dramáticamente al mundo por medio de Jesucristo. Estos versículos hablan de las diferentes acciones que expresan el perdón de Dios: perdona la transgresión, cubre el pecado, no nos inculpa de pecado. 

Pablo citó estos versículos en romanos 4:7,8 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,  Y cuyos pecados son cubiertos.  Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado y mostró que podemos tener la misma experiencia gozosa de perdón por medio de la fe en Cristo.

El apóstol Pablo utilizó estos versículos para describir la felicidad del ser humano cuyos pecados son perdonados por la gracia de Dios, no por sus esfuerzos por cumplir con las obras de la Ley. Transgresión: Significa rebelión; pecado es errar el blanco; iniquidad es depravación moral; y también es engaño. El pecado es perdonado, cubierto y no imputado al individuo, de manera que el espíritu del hombre o de la mujer, aparezcan como totalmente justificados ante los ojos de Dios.

Transformando heridas en cicatrices. Perdonar implica eliminar todos los sentimientos y pensamientos negativos hacia la otra persona. El resentimiento, el odio, el deseo de venganza deben desaparecer con el perdón genuino. En este sentido, perdonar es un proceso similar a la curación de una herida: al principio, está abierta, sangra fácilmente y duele. Pero, una vez se ha convertido en cicatriz, ya no duele ni sangra. El perdón es como transformar heridas abiertas en cicatrices. De esta ilustración se desprenden varios aspectos importantes.

Un proceso largo y costoso, pero efectivo La disposición a perdonar puede –y debería- ser inmediata; ésta es la voluntad de Dios. Pero llegar a completar el proceso emocional y moral del perdón suele llevar su tiempo. Hay un camino a recorrer desde el momento en que se decide perdonar hasta que se hace efectivo. Recordemos el caso de José en el Antiguo Testamento. Perdonó a sus hermanos, pero no antes de pasar por un dilatado proceso (seguramente meses o años) en el que tuvo que luchar contra sus propias reacciones. Es importante, sin embargo, afirmar desde el primer momento: “estoy decidido a perdonar, aunque la curación de mis heridas requiera más tiempo”.