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martes, 14 de abril de 2015

Alcanzando la tierra prometida




Deuteronomio 8:2  Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 


Hasta ahora, el período de Israel en el desierto sólo se ha visto como un castigo por no haber entrado a la tierra prometida cuando Dios lo ordenó. Aquí se presenta desde otro ángulo; es decir, como una oportunidad para desarrollar la fe. Con el tiempo Jeremías recordaría el período en el desierto como uno de devoción a Dios. Sin embargo, el énfasis en estos versículos cae sobre la disciplina, lo cual constituye el otro lado del amor de Dios para con Israel.


El primer versículo establece nuevamente una relación entre los mandamientos y la vida. El mandamiento cuidaréis es típico aquí se apoya con el llamado de acuérdate, refiriéndose a la manera en que Dios los guio por el desierto. La obediencia a Dios no es solamente un asunto del entendimiento, sino de la voluntad y el corazón; y el corazón está propenso a seguir sus propios designios. El fuerte sentido que transmite Deuteronomio. En cuanto a esta debilidad humana explica el porqué de los mandamientos como éste, y el estilo de enseñanza repetitivo en general.


En el desierto, de repente los israelitas se habían visto privados de todas las costumbres familiares para obtener lo que necesitaban para vivir. Aun como esclavos en Egipto sabían de dónde obtendrían su comida. No habían sido gente del desierto, y lo duro de la vida ahí parecía amenazarlos con la muerte. Estos eran tiempos para probar su fe en Dios. El hambre era una prueba de que ellos no podían sobrevivir sin la provisión de Dios; y el milagro del maná, y otras señales poco comunes, mostraban que él era capaz de llenar sus necesidades.


Las palabras que más tarde usara Jesús en contra de Satanás, no sólo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca del Señor, no son un contraste entre la vida del espíritu y la del cuerpo; al contrario, ellas manifiestan que todo lo de la vida viene de Dios. Su palabra es creadora y da vida, al mismo tiempo que es demandante.


La tierra prometida es un sueño hecho realidad. Esta es la descripción más halagadora en todo el libro. A fin de poder apreciarla, debe guardarse en mente que estas palabras fueron expresadas a gente que sólo había conocido la vida en el desierto. Agua en abundancia, una gran variedad de productos, inclusive algunos lujos como olivos… aceite y… miel; la bondad de los regalos de Dios para los seres humanos se reconoce mejor después de la escasez.


Jesús citó este versículo cuando el diablo lo tentó para que convirtiera las piedras en pan. Muchas personas piensan que la vida es satisfacer nuestros apetitos. Si pueden ganar dinero suficiente para vestirse, comer y jugar en gran estilo, piensan que están viviendo "la buena vida". Pero tales cosas no satisfacen nuestros anhelos más profundos. Al final nos dejan vacíos e insatisfechos. La vida verdadera, según Moisés, surge de una entrega total a Dios, el que creó la vida misma. Requiere de disciplina, sacrificio y esfuerzo, y es por eso que la mayoría de la gente nunca la encuentra.


Por lo general nos resulta fácil dar por sentada la protección de Dios. Casi nunca notamos ni agradecemos a Dios cuando nuestro automóvil no se descompone, nuestras ropas no se desgarran, ni se rompen nuestras herramientas. Al parecer el pueblo de Israel tampoco, pues ni siquiera notó que durante cuarenta años de peregrinación por el desierto, sus ropas no se gastaron y sus pies no se hincharon. Se olvidaron de dar gracias a Dios por estas bendiciones. ¿Qué cosa le ha estado funcionando bien? ¿Qué cosa le ha brindado buen servicio? ¿Qué cosa ha durado mucho tiempo sin descomponerse ni desmoronarse? Recuerde agradecer a Dios estas bendiciones silenciosas.


Este versículo se cita tradicionalmente para decir que debemos dar gracias a Dios antes o después de los alimentos. Su propósito, sin embargo, era advertir a los israelitas que no se olvidaran de Dios cuando vieran sus deseos y necesidades satisfechos. Permita que sus oraciones en la mesa sean un recordatorio constante de la bondad de Dios para con usted y el deber que tiene para con los menos afortunados.


En épocas de abundancia, con frecuencia nos acreditamos nuestra prosperidad y nos volvemos orgullosos de que nuestro arduo trabajo e inteligencia nos hayan enriquecido. Es fácil mantenerse ocupado en la acumulación y en la administración de riquezas que echamos a Dios de nuestras vidas. Pero es Dios el que nos da todo lo que tenemos, y es Dios el que nos pide que se lo administremos.


En este capítulo Moisés hace énfasis en que el pueblo debe recordar la fidelidad de Dios. El propósito de la experiencia del desierto era disciplinarlo; ellos no debían olvidar lo que se les había enseñado. El corazón: Alude a la actitud del pueblo hacia Dios y sus mandamientos. Para conocerla había que someterlo a prueba.


Moisés enseña lecciones del pasado de Israel. La nación había experimentado la providencia de Dios mientras estaba en el desierto y no podía cuidarse de sí misma. Esta lección debiera prevenir el pecado del orgullo en sus propios éxitos cuando entre en la tierra y viva en seguridad y prosperidad.


La provisión de Dios para su pueblo en el desierto fue total, la provisión del maná de Dios terminó cuando Israel había cruzado el Jordán y entrado en la tierra prometida. Lo que quiere decir que las bendiciones de Dios se suspenden en el momento en que la desobediencia entra en sus hijitos e hijitas del Señor, cuando no estés recibiendo la promesa del señor en tu vida revísala, porque en algo puedes haberle desobedecido. Moisés no entró a la tierra prometida, porque desobedeció, la orden era que le hablara a la roca para tener agua…no le habló al contrario golpeo la roca, fue su pecado y quien es la Roca: es Cristo, por eso cuando recibas una orden de parte de nuestro Padre Celestial, no tardes en obedecerle.


Muchas veces tenemos la orden de hacer algo y no la hacemos contristamos el corazón del Señor, cuando llega el momento de reclamarle algo o por qué no nos bendice, esperamos respuestas, que no llegan siendo que éstas están en nosotros mismos.


Cada israelita tenía que recordar lo que Jehová había hecho por el pueblo durante los 40 años de peregrinación en el desierto. Moisés se remonta a la experiencia de Israel en el desierto y proyecta aquella prueba dura sobre la presente generación. La experiencia de Israel en el desierto fue una prueba de fe que sirvió para humillarla. Durante los 40 años en el desierto Jehová probó a Israel a fin de conocer la intención de su corazón. Tenía que aprender a depender de Jehová y obedecer sus mandamientos, no lo hizo y pereció.


La pregunta para nuestra generación: estamos en obediencia al Señor, queremos entrar a la nueva Jerusalén, queremos estancarnos o queremos seguir adelante, las respuestas…una vez más la tenemos nosotros…no el Señor.